Métodos para pintar los hay muchos. Todos valen si se practican con entero conocimiento.
La técnica pictórica es más bien sencilla. El que tiene un don natural puede
practicarla fácilmente obteniendo buenos resultados.
Conseguir muchos colores con pocos tubos es ideal. No aplique en el lienzo ningún color sin mezclarlo. Se mezcla el color en cantidad muy reducida de tal manera que contínuamente se forman nuevos tonos. Estos tintes difieren siempre de suerte que se obtienen variaciones en la misma paleta de colores.
La pintura se mezcla en el centro de la paleta. Si se necesita otro matiz de color, se pone la nueva pintura al lado de la parte ya mezclada. Entonces se mezcla poco a poco en la dirección de la mixtura ya hecha. Cada vez que se prepara un nuevo tinte, se trabaja dirigiéndose hacia la mixtura anterior. Así se consigue una rica paleta con muchos matices de tonos.
Un lienzo que se empieza pide poca pintura. En efecto, si la capa de imprimación se aplica espesa, no se podría poner otra capa antes de que se secara la primera, lo que haría imposible la continuación del trabajo. Al principio se emplea un pincel plano y ancho de 3 a 7 centímetros de cerda blanca o cerdas de jabalí. El color se diluye con "medium" o esencia de trementina durante la primera capa luego el color se aplica sin diluir, se puede diluir sólo si se usan pinceles finos o y oo. En este caso, se emplea la pintura como tinta, para pintar por ejemplo ramas de árboles, tallos de hierba o heno.
Importa también saber que las propiedades de algunas materias colorantes no admiten manipulación errónea.
Así el blanco de zinc no se destiñe, sino tiende a requebrarse. El blanco de titanio al contrario es elástico, pero se da un tinte amarillo. El blanco de titanio pues conviene para el fondo mientras el blanco de zinc es muy apropiado para las capas superiores.
La paleta de colores puede limitarse a los siguientes quince colores:
Azul Sèvres
Ultramarino obscuro (azul)
Tierra de sombra tostada (marrón)
Sienna tostada
Amarillo Nápoles
Cadmio naranja
Verde permanenteBlanco
Verde esmeralda
Tierra de Sienna
Amarillo indio
Cadmio rojo obscuro
Sombra natural
Alizarin Crimson
Negro
Coloque la tela siempre a nivel y perpendicularmente y si pinta en la naturaleza no deje nunca la luz del sol sobre la tela. Se pinta siempe en circunstancias medianas, nunca bajo luz radiante. Si pinta un paisaje, la línea del horizonte no debe encontrarse en el medio del cuadro, sino a 1/3 o 2/3 de la tela. Si al contrario aparecen en la obra árboles altos o casas próximas, el horizonte tiene que estar representado más bajo que en la realidad. De encontrarse el horizonte siempre a la altura de los ojos, un árbol o una casa lo dominaría, pero el mismo árbol o la misma casa no parecería tener más de dos a tres metros de altura con el horizonte puesto alto.
Con cielo obscuro, el paisaje debe ser claro y al revés a cielo claro, corresponde paisaje obscuro. Así se obtiene el contraste indispensable para la autenticidad y el rigor del conjunto. Además todo lo que se encuentre en el fondo tiene que ser pintado indeciso –como perfiles vagos- tanto en forma como en color. De tal manera se podrá conseguir perspectiva dentro de un paisaje. El primer plano tiene que formar contraste: una pradera en primer plano puede representarse muy obscura en lo bajo del cuadro con una parte de arriba verde clara. En una palabra: mucho contraste en primer plano, poco en el fondo.
Es muy bueno saber que el color cambia según el fondo sobre el que está pintado.
El tinte naranja es radicalmente otro en un fondo blanco que en uno verde. Una pincelada verde dada en fondo rojo es otra que en uno blanco. Azul sobre amarillo naranja da un tinte mucho más caliente que azul sobre blanco. Puede ponerse siempre una capa (el fondo) roja obscura debajo de todo lo que tiene que representarse verde, como árboles y pastos. El fondo de ladrillos y tejas, se puede pintar verde obscuro y el de los cielos amarillo naranja caliente. Se puede conseguir un buen resultado con un color gris hecho de ultramarino azul, tierra de sombra tostada y blanco.
Si una obra se percibe algo pesada, sus bordes se pueden rozar delicadamente con gris puesto seco con una brocha de 7 cm. Lo último que se pone son los puntos luminosos (amarillo napolitano, blanco o naranja) que dan vida al cuadro. Insertar una rayita debajo de un puntito luminoso amplía el efecto. Lo importante es que no todo sea realizado en detalle. En efecto, es fácil que poco a poco se haga monótono y aburrido ver cada día un mismo conjunto de una tapia cuyos ladrillos se elaboraron minuciosamente. Mejor es pintar nítidamente unos ladrillos y esbozar los otros. El mismo espectador completará la imagen y se imaginará ver todos los ladrillos. El pintor debe resistir a la tentación de querer poner inmediatamente en la tela lo que ve. En primer lugar tiene que estudiar la estructura y observar la disposición del sujeto. Pintar en forma relajada y con paciencia es lo mejor.












