El formato de un cuadro , el tamaño que tiene, es lo que se llama el plano básico, donde se contienen todos los demás elementos visuales. Todo plano tiene unos límites y una forma determinada que va a influir en la propia obra, con unas u otras sensaciones añadidas. Sobretodo por las direcciones visuales que mueven la vista del espectador.
Normalmente determinamos un formato en altura y anchura, con lo que diferenciamos formato vertical, cuadrado y horizontal o apaisado.
Qué tipo de formato debemos elegir para nuestra pintura, está muy relacionado con la intención, expresividad buscada y en resumen, la propia comunicación que llevaremos a cabo.
Analizando estos tipos de formatos, los estándart y más comunes, podemos desarrollar una serie de adjetivos para definirlos y entenderlos.
El formato vertical
Características o expresiones que sugiere: alto, fuerte, activo, joven, tenso, interactivo, dinámico, alegre, fresco, próximo, positivo, ascendente…
Las verticales predominantes en este formato son un elemento inestable, es fácil que esa vertical pueda moverse igual que hace la figura humana. Verticalidad y movimiento están relacionados.
Además, cuando nos enfrentamos como espectadores a un cuadro vertical, nos resulta es más fácil entablar un diálogo intelectual. Buscar sus significados, intentar comprender a sus personajes. Es un impulso más fuerte que reclama atención. Lo que a veces resultará molesto, según la temática.
Es un formato muy utilizado en el retrato, por la verticalidad que tiene una figura humana activa, y ello además, se relaciona muy bien con nuestro propio formato corporal. Y por esta relación con nosotros, también sirve para escenas excitantes, vivificadoras o misteriosas.
El formato horizontal o apaisado
Características o expresiones que sugiere: bajo, estático, pasivo, viejo, relajado, triste, maduro, lejano, estable, conservador, negativo, descendente…
El horizonte presente en este formato por sus límites superior e inferior generan una estabilidad base. Consideramos que aquello que está tumbado en el suelo permanece quieto, inerte y controlable. Pensamos que las horizontales no son fáciles de poner verticales y ello nos relaja, pues no hay que vigilar un movimiento.
Es un formato ideal para paisajes, pues la propia naturaleza es vista con un horizonte, abajo la estabilidad, arriba el aire, lo que fluye, la imaginación.
Sirve muy bien para generar profundidad. Y también expresiones tranquilas, en paz, e incluso, melancolías y tristezas. Tiene más capacidad dramática, reflexión profunda y meditación espiritual.
El formato cuadrado
Características o expresiones que sugiere: neutralidad enérgica, ni fuerte ni débil, activo, expansivo, grande, estable, tranquilo, ascendente, sereno, positivo…
El cuadrado es un formato activo porque no existe una horizontal baja en la cual la vista descansa. Pero tampoco es muy activo porque la vertical es corta y se mantiene estable. Genera expansión hacia sus límites por una parte e introspección hacia su punto centro, donde la vista acude a descansar. Normalmente en este formato la vista busca puntos de apoyo, se mueve mucho por todo el espacio y fluye durante un tiempo hasta que la tendencia natural hace al ojo acabar en el ángulo inferior izquierdo.
El formato redondo
Igual que el punto, el círculo o la esfera, el formato redondo es equilibrado, expansivo y dinámico al mismo tiempo. Es famoso este formato como elemento zen o espiritual, por la concentración que logra.
El formato triangular.
Contiene lineas direccionales que generan en la vista un movimiento hacia fuera, lo que puede ser perjudicial. Normalmente el triangulo puede servir para activar más, crear juegos visuales y formas relacionadas. El triangulo con la base bien asentada en la horizontal contiene en su punta transversal mucha verticalidad que direcciona hacia arriba, por lo que también puede servir para mensajes espirituales, expresiones agudas y angustiosas o protesta.
Formatos con formas personalizadas.
Si estas formas están en relación con el contenido y le dan un sentido pueden potenciar muy bien el propio contenido e incluso se puede crear una armonía visual correcta. La imaginación nos permite crear de otras formas y convertir las paredes en los lienzos finales, con sus consecuentes límites verticales y horizontales.
Fuente: pinturayartistas