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lunes, 30 de mayo de 2011

PINTURA ZEN

ZEN

El Zen tiene su origen en la India, hace unos dos mil quinientos años, en la época de Buda (el Buda Sakyamuni).

El Zen partió del budismo, pero no es ni una filosofía ni una religión. Se basa en el conocimiento de uno mismo. Podríamos decir en el conocimiento esencial de uno mismo, inaugurando un presente disuelto y concentrado a la vez. Igualmente receptivo y creativo, llevando a la plenitud al individuo y potenciando sus capacidades.

El Zen no representa sólo una forma de vida placentera o de cierta quietud donde lo caótico del mundo y las situaciones conflictivas desaparecen por los modelos zen u otros similares, sino que representa un elemento de visión y fuerza que nos lleva a afrontar las situaciones desde uno mismo.



EL Zen y la pintura creativa

Vinculado al arte, nos hace reconocer los principios esenciales y fluir de una manera sencilla, así como llevar el alma a nuestras creaciones, a nuestras pinturas, es decir dotarlas de vida y vibración, sin partir obligatoriamente de técnicas impuestas, sino más bien descubriendo los modos de expresarnos. Desde este punto de vista la técnica no es otra cosa que sensibilidad despierta, una capacidad de investigar con los recursos artísticos naturales, los colores, las formas y vibraciones, los paisajes internos. Ver, sentir, implicarse en el proceso, dejando que se desvele, olvidándonos de la imitación o la producción que no venga de la satisfacción y paradójicamente anunciando un camino más imaginativo y personal para el individuo.


El Zen en la Pintura Creativa nos conecta a la corriente artística y a la imaginación, manteniendo el vínculo natural con nosotros mismos (meditación activa) a la hora de crear. Supone adentrarse en el ahora y tener una visión de la creación que contempla las energías universales: receptiva y creativa.

La pintura zen profundiza específicamente en el (Chi) o flujo de energía, y en la esencia que permite la creación artística sin esfuerzo y libremente, sin ideas preconcebidas, a partir de la actitud receptiva y del contacto genuino con uno mismo.

Se estimula la sensibilidad artística, los impulsos originales y la imaginación.


Pintura creativa nos sugiere la idea de libertad creadora, donde las ideas o dogmatismos de cómo debe pintarse quedan fuera y donde existe un gran espacio personal. El zen, nos invita a descubrir la pintura mediante el reconocimiento de lo que se mueve en nosotros y de nuestras energías, de nuestra escucha, sensibilidad e imaginación. No resta creatividad, sino que la estimula desde los propios impulsos, necesidades y potenciales del individuo. El poder formar una unidad con nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu, para así formar unidad con nuestra inspiración a la hora de crear.











Fuente: arteduna.com

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